
Imagen:RAMÓN LEIRO
Un conductor iba tan borracho que se durmió mientras la Guardia Civil le hacía la prueba de alcoholemia
Dio 1,22 en un control cerca de Santiago y los agentes tuvieron que avisar a una ambulancia por el estado en el que se encontraba
El trabajador pobre es el nuevo perfil de usuario de las entidades benéficas
«Ya hay una capa de pobreza que no desaparecerá», alertan en Amigos de Galicia
redacción / la voz
No es el único responsable de las entidades sociales que piensa así. Ayer, Cáritas Vigo presentó su informe anual y también habló de «cronificación de la pobreza», mientras que Jesús Busto, presidente de la Fundación Amigos de Galicia, daba ayer un paso más: «Ya tenemos una capa de pobreza que no desaparecerá, y que en cinco años se hará más grande, porque las nuevas generaciones de estas familias tienen muy difícil salir adelante». Y es que solo la mitad de sus hijos estudian en el curso que le corresponde; el fracaso escolar es un atajo para quedarse ahí.
A los responsables de estas entidades solidarias las buenas noticias económicas con las que la sociedad se reconforta tras la crisis del 2008 les parecen algo irreal: «En las alfombras no se entiende lo que pasa aquí», dice Busto. ¿Y qué ocurre? Que, una vez que la pobreza se pega como una segunda piel a una familia, no hay quien se la quite. «Cada vez se repite más la misma escena -dice José Pita-, la de un usuario del banco de alimentos que nos dice 'he encontrado trabajo, ya no voy a necesitar volver', pero al mes siguiente aquí está. No se puede mantener una familia con 600, 700, 800 euros». Ya no llegan desesperados porque la única comida que entra en sus casas es la que proporcionan las entidades benéficas, pero sí «necesitan que les ayudemos para poder afrontar otros gastos». Por ejemplo, poder comer carne alguna vez a la semana. O pagar deudas. «Estas familias están muy endeudadas -reconoce Busto-, así que cuando cobran una ayuda o un sueldo, les embargan una parte. Y si no han pagado es porque no han podido, realmente».
El trabajo, además de mal pagado, a veces es incluso contraproducente: «Les hacen contratos de un mes y pierden alguna prestación, y después tienen que pasar varios meses hasta que la vuelven a percibir, por eso algunos ni siquiera aceptan los empleos», resume Busto.
Siempre ayudan los mismos
¿Y la otra parte de la sociedad? Ahora que las cosas teóricamente van
mejor, ¿se ayuda más? Nadie quiere quejarse porque, como explica Pita,
«pedimos muchos y pedimos mucho, y tenemos que comprender que al final
nos hacemos pesados», pero según Busto «solo colabora el 10 % de la
población española, y además el que ayuda lo hace en varias
agrupaciones». Las empresas, en cambio, se portaban bastante bien. Y
otra cosa son las campañas puntuales. En esas se vuelcan personas de
todo tipo, gente que no puede o no suele ayudar de forma constante. Por
ejemplo, recientemente los supermercados Gadis organizaron su ya tradicional Mayo Solidario, en el que reunieron 162.700 kilos de productos para los bancos de alimentos.Es difícil entender, cuando desde todas partes llegan mensajes económicos positivos, que son reales, que la pobreza corre riesgo de enquistarse en Galicia, aunque las distintas agrupaciones recalcan que en la comunidad «no hay hambre. Hay necesidad de algunas cosas, pero no hambre». Arroz y pasta sobran, es cierto, aunque según datos de Cruz Roja Galicia uno de cada tres niños atendidos por esta oenegé pasa frío en casa.
En Galicia, los datos indican que el 19 % de la población, especialmente familias con menores a cargo, están en el umbral de la pobreza, esta bolsa casi estable, y eso supone en cifras redondas, unas 700.000 personas, como las poblaciones oficiales de Vigo, A Coruña, Santiago y Ferrol todas juntas.
Cáritas de Vigo aumenta en un 12 % su presupuesto para atender las necesidades monetarias de sus beneficiarios
Da igual dónde se pregunte, en la ciudad o en la zona más rural, en la costa o el interior. Las cifras de personas atendidas en las entidades sociales no solo se estabilizan, sino que aumentan año tras año. En estas semanas las diócesis presentan los informes anuales de Cáritas y el Obispado de Tui-Vigo hizo ayer balance de su actividad en el 2016. Los datos son inapelables: atendieron a 4.796 personas, la mayor parte españolas, que necesitaron ayudas para alimentación, vivienda o empleo, pero también requirieron otro tipo de apoyo: psicológico o jurídico; y aumentó, claro, el volumen de los llamados «trabajadores pobres».Las ayudas monetarias supusieron para Cáritas Vigo unos 400.000 euros y, como saben que la situación no mejorará, para este 2017 ya han presupuestado 450.000 euros, un 12 % más.
Los responsables de la entidad lamentaron que el balance del año confirma la cronificación de la pobreza. E hicieron un llamamiento a las Administraciones: hay que agilizar la tramitación de las ayudas públicas, como la risga, para evitar que las familias estén esperando semanas o meses por una prestación que siempre es urgente. Es entonces cuando recurren a Cáritas y entidades similares, que cubren los vacíos dejados inexplicablemente por el Estado.
El balance de Cáritas Lugo no es mejor: en el 2016 atendieron a 7.420 personas, que suponen 1.256 más que el año anterior, es decir, tuvieron un incremento del 20 % del número de usuarios.
En su caso, sí se ha detectado además una peculiaridad propia del entorno: el aumento de personas mayores que necesitan ayuda. Aunque la cifra absoluta es baja (98 personas recurrieron a sus servicios), sorprende su relación con el año anterior, ya que es un 50 % más

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